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La educación de antes y la educación de ahora

Existe un gran debate en la actualidad sobre si la forma de educar de nuestros padres, era mejor o peor que la actual. En teoría, el hecho de ser padre no debería haber cambiado a lo largo de los años, y sin embargo el concepto de paternidad ha dado un importante giro en tan solo una generación.

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Se trata de formas distintas de educar, basadas en diferentes realidades socioculturales y cada una tiene sus aspectos positivos y negativos. Podríamos pensar que los padres de hoy en día lo tienen más fácil, pues tienen una mayor formación, más recursos, los niños disponen de muchas más cosas de las que tenían sus padres, pero no podemos afirmar que sean más felices.

Los padres de hoy:

  • Tienen que lidiar con la presión consumista que ejerce la sociedad sobre los niños, que muchas veces les trata como meros objetos de campañas de marketing,
  • Disponen de menos tiempo para estar con ellos, dado que los trabajos son más exigentes,
  • Tienen un sentimiento de culpabilidad por no poder dedicar a sus hijo todo el tiempo que les gustaría.

A todo esto se le suma que con la incorporación de la mujer al mundo laboral se reduce la cantidad de tiempo que los niños están con sus madres, en ocasiones terceras personas son las que les llevan o les recogen del colegio, o se tienen que quedar a comer en el comedor. Pero no todo son desventajas, el hecho de que la madre se sienta autorealizada siempre será positivo y beneficioso para el niño y para la familia en general. Pues está aportando un modelo de seguridad y de confianza, en el que el niño puede fijarse. Además, los niños aprenden un modelo basado en la igualdad de género y en el reparto de las tareas del hogar.

Hoy en día, el sentido común es uno de los grandes olvidados en la educación, y cuando no lo utilizamos cometemos errores de los que luego nos arrepentimos. Muchos abuelos piensan que es porque la experiencia es más importante que el conocimiento, y que por eso ellos lo hacen mejor y la realidad es que ambos no están reñidos, ninguno es más importante que el otro. Lo ideal sería combinar ambos para educar de la forma más sensata posible y cometiendo los mínimos errores. Para esto será fundamental pararse a observar que es lo que ocurre en aquellas situaciones más complicadas con los hijos. Dónde estáis, con quién, que es lo que hace o dice el niño, y sobre todo lo que los padres le responden a continuación. Observando con detenimiento y aplicando el conocimiento y el sentido común, seguro que conseguiremos que la situación mejore.

Silvia Álava

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