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¿Cuando se debe acudir al logopeda?

La logopedia interviene y da respuesta a los trastornos que afectan a la voz, a la pronunciación, al lenguaje oral y escrito, mediante técnicas de reeducación. También interviene en el tratamiento de dificultades de aprendizaje de la lecto-escritura, discalculia, atención, audición y otros problemas relacionados con la comunicación. Es por ello, que la mayoría de los logopedas trabajen con niños a partir de los 3 años, a no ser que exista una discapacidad sensorial o motriz específica.

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Lo más habitual es que se acuda al logopeda cuando existen problemas en el lenguaje oral, en lo que se refiere a dificultades en la pronunciación o retraso en la aparición del habla. En este sentido, cuanto más temprana sea la intervención con el niño, antes podrá adquirir un nivel de la lengua satisfactorio como para alcanzar y enfrentarse a la lengua escrita.

Algunos hitos en el desarrollo de la adquisición del lenguaje, nos pueden servir de guía para observar si, efectivamente, nuestro hijo presenta un retraso en el mismo.

  • 12 meses: no aparece balbuceo o imitación vocal
  • 18 meses: no utiliza palabras aisladas
  •  24 meses: su vocabulario en palabras aisladas es de menos de 10 palabras
  • 30 meses: usa menos de 100 palabras, sin apreciarse combinaciones de 2 palabras. Habla ininteligible
  • 36 meses: Menos de 200 palabras; no usa frases telegráficas y su claridad es dificultosa para la comprensión del adulto
  • 48 meses: tiene un vocabulario escaso para su edad, con menos de 600 palabras; no usa frases simples y la claridad en la expresión es de menos de un 70%.

En este sentido, habría que descartar dificultades en la audición y para la comprensión de la lengua.
Por otro lado, los problemas derivados de trastornos del aprendizaje de la lengua escrita (lectura, ortografía, grafomotricidad…), aparecen posteriormente a los de la lengua oral, siendo imprescindible resolverlos, ya que impiden un progreso adecuado en el ámbito escolar.

Muchos de los aprendizajes en la etapa escolar atraviesan dificultades pasajeras, o progresos increíbles, en muy poco espacio de tiempo. Por ello, no debemos precipitarnos y consultar con el equipo del colegio, y más tarde con el médico o pediatra. En caso de detectar una dificultad que se alarga en el tiempo o que al niño le está suponiendo problemas añadidos a nivel de conducta, en las relaciones… altos niveles de frustración y mala gestión de la misma, sería importante no perder de vista estas alarmas, pues detrás de una dificultad de aprendizaje, a veces va unida una baja autoestima que también hay que intervenir.

Se puede hablar de predislexia, cuando observamos algunos de los siguientes indicadores, que pueden servirnos para la detección precoz y prevención de dificultades mayores en el ámbito de la lecto-escritura:

  • Historia Familiar de problemas disléxicos (padres, hermanos, otros familiares).
  • Retraso en aprender a hablar con claridad.
  • Confusiones en la pronunciación de palabras que se asemejan por su fonética.
  • Falta de habilidad para recordar el nombre de series de cosas, por ejemplo los colores, los días de la semana.
  • Confusión en el vocabulario que tiene que ver con la orientación espacial.
  • Alternancia de días «buenos» y «malos » en el trabajo escolar, sin razón aparente.
  • Aptitud para la construcción y los objetos y juguetes «técnicos» (mayor habilidad manual que lingüística, que aparecerá típicamente en las pruebas de inteligencia), juegos de bloques, lego.
  • Dificultad para aprender las rimas típicas del preescolar.
  • Dificultades con las palabras rimadas.
  • Inversiones, que pueden ser de fonemas dentro de una sílaba o de sílabas dentro de una palabra. Por ejemplo: «pardo» por «prado» y «cacheta» por «chaqueta»

En el caso de que el niño se vea reflejado en los aspectos destacados anteriormente, lo ideal es hablarlo primeramente con su maestro del colegio y/o pediatra. Posteriormente ponerse en contacto con un especialista en la intervención como el Logopeda o Maestro de Audición y Lenguaje.

La atención temprana y detección precoz de trastornos o dificultades, es la mejor manera de prestarle apoyo al niño, aprovechando la mente absorbente cuando es pequeño, de manera que los problemas se corrijan cuanto antes y evitar que vayan a más.

Carol Perez Emotiva CPC

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