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¿Cómo educar a un niño en positivo?

Es importante como padres y madres que nos planteemos el modelo educativo que deseamos en la educación de nuestros hijos e hijas y, en consecuencia, tener presente objetivos y cómo conseguirlos.

La generación de nuestros padres y abuelos tuvieron en su mayoría una educación marcada por excesivas órdenes, la imposibilidad de réplica o negociación, la utilización del castigo, la imposición de ideas… Esta tendencia osciló hacia su otro extremo, un modelo educativo en el que los padres y madres se muestran superprotectores, con tendencia a solucionar las dificultades y problemas que se les presentan a los hijos/as, sin normas o con un cumplimiento muy flexible de las mismas.

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Ambos modelos tienen sus ventajas, pero también inconvenientes que no benefician el desarrollo personal del niño/a.

Cuando acude a nuestro centro una familia con un modelo educativo autoritario, nos encontramos con unos padres que abusan de las correcciones, tanto en su uso como en su forma, demasiado frecuente y extensa. Como consecuencia, los niños/as se acostumbran a este estado de castigo permanente, su idea es “haga lo que haga, voy a estar castigado, por tanto voy a hacer lo que quiera”. Los niños/as de estas familias presentan una autoestima baja, con una autoimagen negativa de sí mismos (“lo hago todo mal”, “mis papas no están orgullosos de mí”, “soy un niño/a malo/a”).

También nos encontramos padres y madres superprotectores que, poco a poco, han “criado” un pequeño dictador/a en casa que les va haciendo la vida difícil. Estos niños y niñas no han tenido que superar sus dificultades ya que los adultos han intervenido por ellos, han obtenido todo aquello que han deseado, su lema es “si lo quiero, mis padres están para dármelo”. Los niños y niñas de estas familias son caprichosos, con baja tolerancia a la frustración y, en muchos casos, son capaces de agredir verbal y físicamente a sus padres para obtener lo que quieren.

¿Cómo educar a un niño en positivo?

El modelo de educación en positivo, hace que padres y madres eduquen a sus hijos e hijas con autoridad positiva, basada en el establecimiento de normas, límites y consecuencias que posibilitan su desarrollo personal.

Este estilo consiste en valorar las acciones que consideremos positivas para el niño/a, dejarle claras las normas y establecer una consecuencia reparadora cuando estas se incumplen.

Por tanto las consecuencias son compromisos que sirven para aprender la conducta no apropiada y que nos ayuda a cumplir las normas.

Las claves de este modelo son:

  1. Establecer normas
    1. Las normas en familia deben tener unas características:
      1. Claras: las normas deben ser sencillas y fáciles de entender para que no haya lugar a dudas en su cumplimiento.
      2. Concretas: las normas abstractas son complicadas para todos, más aún para los niños y niñas. Establece ordenes específicas que describan lo que quieres (“termina los ejercicios antes de jugar”, “recoge la ropa sucia y déjala en el cesto”, “haz tu cama”, etc.)
  • Adecuadas a cada edad y circunstancia: en cada etapa evolutiva se le puede solicitar a cada niño/a que asuma una serie de responsabilidades.
  • Pocas: Al principio, se deben establecer pocas normas, para que su cumplimiento sea sencillo para el niño/a, de esta forma se mostrará motivado y tendrá mejor disposición hacia nuevas normas. A medida que vaya creciendo, podrá asumir las necesarias.
  1. Establecer límites
  • Los límites vienen establecidos por las normas y son las líneas imaginarias que no se deben traspasar. Si es así, se debe aplicar una consecuencia.
  1. Enseñar a encontrar consecuencias

La consecuencia se aplica una vez implicada una norma, pero esta debe estar determinada previamente. Si nuestro hijo/a se niega a recoger sus juguetes, debe saber con anterioridad que no podrá disfrutar de sus 30 minutos de dibujos. Si tarda en exceso, ese tiempo se le restará. En el caso de no recoger los juguetes y llegar la hora de dormir, el niño/a no podrá ver sus dibujos. En el caso de que los recoja, pero sólo queden 10 minutos para la hora de dormir, sólo disfrutará de esos 10 minutos. La consecuencia va destinada a mejorar el cumplimiento de la instrucción no respetada.

A medida que nuestro hijo o hija vaya creciendo las consecuencias podrán ser negociadas, o incluso sugeridas por ellos, pero son los padres y madres los que velan por el cumplimiento de estas, favorece la convivencia familiar y el desarrollo personal.

 Mar Sánchez

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