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¿ Cómo aplicar límites y normas a los niños?

Os presentamos este articulo tan interesante y elegido por vosotros. Os acercamos de una forma muy sencilla y clara la importancia de los límites y las normas en lo más pequeños.

No Way¿ Cómo aplicar límites y normas a los niños?

Debemos saber que poner normas y límites a nuestros hijos, les da seguridad, y sin ellas estarían perdidos. Por lo tanto, no nos debemos de sentir culpables al decir ‘NO’, porque la libertad y la permisibilidad no es igual a amor. No existen niños malos ni buenos, sino niños que han aprendido a comportarse de manera inadecuada o adecuada.

Es normal que los niños desobedezcan, a obedecer se aprende obedeciendo, se aprende con práctica y se acaba convirtiendo en un hábito. Los adultos somos los que establecemos las normas, y los que debemos hacer que se cumplan. Las normas son un marco de referencia, nos enseñan cuales son las conductas adecuadas y socialmente admitidas.

Con los límites les estamos enseñando valores como: la tolerancia, el respeto, el orden… Si nunca dijésemos ‘no’ a nuestros hijos, les estaríamos enseñando que pueden hacer siempre lo que quieren, y no les estaríamos preparando para su vida adulta, donde no podrán tolerar sus frustraciones.

No nos olvidemos que nosotros somos su ejemplo. No podemos pegar en la mano a un niño y decirle que ‘no se pega’, esto es una incongruencia.

Tampoco podemos conceder cosas inaceptables, ya que estaríamos contribuyendo a fomentar la tiranía en nuestros hijos. Los adultos somos los que establecemos las normas, y los que debemos hacer que se cumplan.

¿Cómo las hacemos cumplir?

Para conseguir que los niños obedezcan, depende en gran medida de nuestra constancia a la hora de educar.

  • La orden debe ser precisa, por ejemplo, no podemos decir ‘se bueno’ o ‘compórtate bien’ de manera tan global, tan ambigua. Lo correcto sería una orden clara como ‘ahora tienes que ponerte el abrigo’, ‘recoge el cuarto’, de forma que el niño lo entiende perfectamente.
  • Nuestro tono de voz debe ser firme, calmado y sereno.
  • Si le damos la orden de que hay que recoger la habitación, la damos de manera imperativa, no vale decir ‘¿qué te parece si recogemos?’, ‘¿quieres recoger?’. Debemos ser firmes en las normas.
  • Si el niño en ese momento recoge, le felicitaremos, elogiaremos, le daremos un abrazo, un beso… Siempre reforzaremos sus logros y les demostraremos nuestro afecto. Este punto es de vital importancia.
  • Si no lo hace, tendrá una consecuencia directa y relacionada con lo que está sucediendo. Por ejemplo en el caso de no recoger sus juguetes, una consecuencia podría ser: no jugar con su muñeco favorito.
  • Tenemos que procurar no agotar la situación. Ejemplo: ‘Carlos, bájate de ahí’, ’Carlos, que te bajes’, y a la décima vamos y le bajamos del sitio. La consecuencia tiene que ir seguida de un aviso, no más. Si no el niño aprenderá que hay un tiempo en el que puede seguir teniendo el comportamiento inadecuado, hasta que llega la consecuencia.
  • Siempre debemos explicarle las normas y su consecuencia. Ejemplo: “si sigue golpeando los juguetes, tendrás que dejar de jugar”.

Hay que evitar los castigos físicos y verbales. Por ejemplo: ‘¡eres malo!’, ‘¡ya no te quiero!’, ‘¡nunca aprenderás a hacerlo!’. Con este comportamiento no extinguiremos la mala conducta, sino que alimentaremos la baja autoestima.

 Nuestra actitud es fundamental ya que influye directamente en ellos. Si estamos seguros, confiamos en sus posibilidades y se lo hacemos saber, todo será más fácil.

Desiree Aliaga

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